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Es un libro editado en 2013, con texto de José Manuel Sánchez Ron e ilustraciones de Antonio Mingote, que no llegó a ver salir el libro porque falleció en 2012. Es la tercera parte de una trilogía formada, además, por ¡Viva la Ciencia! y El mundo de Ícaro. El primer libro está dedicado al mundo de la Ciencia, en general, y el segundo a “todo lo que está por encima de nuestras cabezas”, en palabras de los autores.

Compré este libro atraído por las ilustraciones de Mingote más que por el autor de los textos, al que debo confesar que no conocía. Son una mezcla de dibujos realizados para el libro y otros, extraídos de su obra anterior, en los que trata temas similares, y que se han aprovechado, ya que la muerte no le permitió terminar el proyecto. Dentro de la genialidad de Mingote de siempre, que conservó, al parecer, hasta sus últimos momentos, las ilustraciones son mero acompañamiento, dibujos descriptivos sin argumento propio, excepto algunas, que entiendo que son las extraídas de su obra anterior, en las que sí está presente el típico humor de Mingote.

En cuanto al contenido en sí, es un libro de divulgación y no un tratado de historia, por lo que se tratan parcelas, o episodios de la historia de la Medicina, elegidos según el criterio personal del autor, que se cuentan de forma asequible, pero un tanto inconexos, por lo que es difícil hacerse una idea de conjunto. Por otra parte, supongo que con cierto interés comercial, hay una gran desproporción entre la historia de la medicina actual y el resto. Parece, como digo, desproporcionado, dedicar un capítulo a De Galeno a Vesalio, es decir, del siglo II al XVI, y dedicar otro capítulo de igual tamaño al Psicoanálisis.

Es un libro cómodo de leer, divulgación para entretenimiento, dirigido al público general.

 

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Miguel-Servet

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Monumento a Miguel Servet. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.

Clotilde Roch. 1908.

Hoy este blog cumple 8 años. Han sido 95 entradas y muy buenos ratos echados. Y para celebrar la efeméride, nada mejor que otra efeméride. Dentro de dos semanas se cumplen 120 años del nacimiento de Helen Brooke Taussig, considerada la madre de la Cardiología Pediátrica. Le dio nombre a la técnica de Blalock-Taussig, junto al cirujano cardiovascular Alfred Blalock, para el tratamiento quirúrgico de la  Tetralogía de Fallot, que ha salvado la vida de miles de niños desde 1944. En la película Una creación del Señor (que pasó por este blog allá por enero de 2013), se cuenta esta historia.

Y, aunque la pintura no sea de la calidad a la que estamos acostumbrados en esta sección, tiene la curiosidad de que la pintora también es médico.

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Helen Brooke Taussig. 1981. Patric Clarius Claiborne Bauernschmidt.

120 x 95 cm, Óleo sobre lienzo. Galería de retratos del Hospital John Hopkins. Baltimore. Mariland (EEUU). 

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Medicina peligrosa es una novela escrita en inglés por Arthur Hailey, publicada en 1984.

Narra la historia de Celia Jordan, química de formación, que entra en un laboratorio farmacéutico inicialmente como técnico, pero que decide pasarse a la sección comercial por iniciativa propia. Así conoce a un médico internista, con el que se casa, y comienza su escalada profesional dentro de la empresa. Con una gran personalidad, tesón e intuición va progresando hasta ser alta ejecutiva.

No habíamos traído a este blog ninguna novela ni película que presentara la relación entre la Medicina y la Industria desde el lado de esta última. Con sus luces y sus sombras, que no esconde la novela, la Industria es imprescindible para el desarrollo de la Ciencia, pero, como todo y como siempre, dentro de los límites de la legalidad, de la ética y del sentido común.

Una novela entretenida, original, pero no mucho más.

1991. El doctor

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El doctor es una película estadounidense de 1991, basada en la novela de Edward Rosembaun A taste of my own medicine (1988). Está dirigida por Randa Haines e interpretada por William Hurt, Elizabeth Perkins, Christine Lahti y Mandy Patinkin (el inolvidable Íñigo Montoya). Cuenta la historia del Dr. Jack McKee, cirujano cardiotorácico y hombre de éxito, profesional de reconocido prestigio que trabaja en un macrocomplejo hospitalario, donde ejerce su profesión de manera técnicamente impecable, pero manteniendo un trato frívolo con compañeros y pacientes, con los que se relaciona de forma superficial y distante (“en la cirugía entramos, lo arreglamos y nos vamos”).

El inicio de un cuadro de tos persistente lo hace acudir a su propio hospital como paciente, siendo diagnosticado de un cáncer de laringe. Entonces comienza a sufrir la rutina de la maquinaria burocrática del hospital y el trato de sus propios compañeros (otorrinos, oncólogos, hasta ahora desconocidos por él) que, sin ser tan poco serios como él, cometen los mismos vicios en el trato personal con sus pacientes. Entonces comienza a llevar una doble vida, trabajando como cirujano en una sección del hospital, donde se relaciona con sus compañeros, y siendo tratado como enfermo en otra, donde se relaciona con sus compañeros de sala de espera.

Película para la reflexión. Aparte de que esté algo exagerada la actitud inicial de McKee en el quirófano, sí es cierto que nada tiene que ver acudir a un hospital como médico o como enfermo. Obliga a revisar la atención que ofrecemos en nuestro día a día.

Bonita película. No soy especialmente aficionado a William Hurt, pero está bastante bien, en la metamorfosis desde el Jack del principio de la película al del final.

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Nace en Brisbane, Queenslane, Australia, el 3 de marzo de 1945. Es hijo de padres inmigrantes griegos en Australia. Son cuatro hermanos: su gemelo John, George, Chris y Bill. Estudia en Ipswich, en el Ipswich Grammar School y después en el Sydney Boys High School. Después comienza a estudiar Medicina junto a su hermano gemelo en la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva Gales del Sur.

En palabras del propio Miller: “Una vez a finales de los 60 estaba aún en la facultad y fui al cine a ver ‘M*A*S*H’, de Robert Altman. No tenía ni idea de la trama, solo que el póster tenía dibujadas las piernas desnudas de una chica. Salí de la película y me di cuenta de que nunca había visto nada parecido, así que volví a entrar inmediatamente. Fue el día en que decidí que me dedicaría al cine.” (leyendo mi crítica de la película está claro que no soy ningún entendido…).

En la Universidad es donde tiene sus primeros contactos formales con el cine. En el último año de carrera, 1971, se presenta junto con su hermano a un concurso llevando un cortometraje de un minuto, con el que obtienen el primer premio. Ese mismo año asiste a un taller de cine de la Universidad de Melbourne.

Terminada la carrera comienza su residencia en el St. Vicent´s Hospital, en Sidney. Continúa haciendo cortometrajes y funda la productora Kenedy Miller Productions, con Byron Kenedy, al que había conocido en el taller del año anterior y con el que estuvo asociado hasta la muerte de este en 1983.

En los años siguientes compagina su trabajo como médico de Urgencias y su labor como director, realizador y guionista de cine. En 1979, con el dinero ahorrado de las guardias se financia su primer largometraje: Mad Max, salvajes de autopista. Con un presupuesto de 350.000 dólares australianos recauda más de 100 millones. Se ve que un médico australiano puede ahorrar para pagarse una película. Un médico español puede ahorrar para comprarse una cámara de video…

Después del gran éxito internacional de su primera película deja definitivamente el mundo de la Medicina para dedicarse al cine. En seguida rueda la secuela de Mad Max (que tendrá una tercera parte unos años más tarde) y ya no deja de trabajar hasta nuestros días.

Entre sus películas tenemos en este blog El aceite de la vida, pero hay otras tan conocidas como Las Brujas de Eastwick, Babe, el cerdito valiente o Happy Feet: rompiendo el hielo. Últimamente ha vuelto con Mad Max: furia en la carretera.

Ha sido nominado a los Oscar en seis ocasiones: dos a Mejor Película (Mad Max: furia en la carretera y Babe, el cerdito valiente); una a Mejor Película de Animación (Happy Feet: rompiendo el hielo); una a Mejor Dirección (Mad Max: furia en la carretera), una a Mejor Guión Original (El aceite de la vida) y una a Mejor Guión Adaptado (Babe, el cerdito valiente). Ganó el de Mejor Película de Animación en 2006.

Su hermano gemelo sigue ejerciendo la Medicina.

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Cajal, su tiempo y el nuestro, es un libro editado por primera vez en 1950. Escrito por Gregorio Marañón, es una adaptación literaria de su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de 1947, en la que ocupó el mismo asiento que Santiago Ramón y Cajal. Por este motivo el discurso es un estudio de las circunstancias históricas en las que se desarrolla la vida y la actividad científica del maestro, y un repaso de su pensamiento, su obra literaria no científica, y por supuesto, su labor como investigador y docente.

Lo que hace especial este libro es, por una parte, que el análisis lo hace otro Grande de la historia de la Medicina en España, además de otro personaje de gran calado social y político en su época, como Cajal, por lo que el interés por el contenido es previo e independiente a este; y por otro, que la comparación entre los diferentes entornos históricos se hace en 1950, por lo que al leer el libro, de forma inconsciente, se hace a la vez la comparación con nuestras circunstancias actuales, estableciéndose una perspectiva a tres bandas, entre 1895, 1947 y 2018, en mi caso.

Libro cortito, ameno, fácil de leer, con el añadido (no sé si bueno o malo, pero curioso), del estilo literario de la época, barroco y en ocasiones algo pedante. Santiago Ramón y Cajal visto por Gregorio Marañón no puede dejar de ser interesante.

Candidato al Premio Nobel de Medicina o Fisiología en 1953 por sus estudios sobre la leucemia. El padre de la Hematología española.

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Monumento a Francisco Más y Magro. Crevillente (Alicante).

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No serás un extraño es una novela escrita por Morton Thomson, originalmente en inglés, editada por primera vez en 1954. Cuenta la biografía de Lucas Marsh y su vocación por la Medicina, desde la primera infancia. La historia se divide tres partes claramente diferenciadas, aunque sin solución de continuidad entre ellas: Lucas niño, Lucas estudiante y Lucas médico. Cada etapa se desarrolla en sitios diferentes, con personajes diferentes y en ambientes diferentes. Y en cada una de ellas se respiran también diferentes conflictos: primero con la familia, después con compañeros y profesores y finalmente con colegas y pacientes. En las dos últimas le acompaña su mujer, Kris, una enfermera con la que se casa por interés, aunque ella sí lo quiere y admira.

Novela extraordinaria tanto en la forma como en el fondo. La descripción de los ambientes en los que se desarrolla, no sólo los lugares, es tan completa que supone un verdadero viaje al interior del libro. Y los conflictos a los que se enfrenta el protagonista (que son muchos, porque la vocación es estimulante, pero implacable, lo que le hace un inadaptado en cualquier entorno), son tan reales como los que podamos ver hoy por hoy en cualquier hospital o consulta de nuestra ciudad. Mezcla la vida cotidiana con el estudio o el ejercicio de la Medicina, por lo que emplea frecuentes términos clásicos o formas de diagnosticar y tratar que resultan curiosas e interesantes.

Coherente con su época, presenta un concepto clásico de la Medicina, en la que la lucha contra la enfermedad tiene la salud como victoria y la muerte del paciente como derrota. Pero también muestra una visión totalmente actual del médico que ve al enfermo como accesorio, y la Medicina como protagonista. El enfermo se convierte en un mal necesario para la práctica de la Ciencia. En los años 20 en que se desarrolla la historia hablamos de diagnóstico y tratamiento, tanto médico como quirúrgico. Hoy habría que añadir el máster y la publicación, el currículo y la ponencia.

Una de las lecturas más estimulantes de los últimos tiempos. Y el hecho de que repase casi todos los conflictos con los que se puede encontrar un médico o un estudiante de Medicina hacen que se convierta en un imprescindible de nuestro blog.

Galileo Galilei

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Galileo Galilei nace en Pisa (Italia) el 15 de febrero de 1564. Su padre pertenecía a la baja nobleza y era músico, pero se dedicó al comercio por razones económicas. Fue el mayor de varios hermanos (según la fuente, entre seis y ocho).

En 1574 la familia se traslada a Florencia, donde Galileo ingresa en el convento Santa María de Vallombrosa, del que una infección ocular lo sacará unos meses después. En 1581 entra en la Universidad de Pisa para estudiar Medicina, al parecer empujado por su padre (ya algún antepasado suyo había sido médico). Galileo no siente vocación por la Medicina, por lo que la abandona en 1583 para estudiar la geometría de Euclides con Ostilio Ricci, matemático de la corte de Florencia. Posteriormente vuelve a Pisa a continuar los estudios, pero los abandona definitivamente en 1585. Después de cuatro años en la Universidad la abandona sin haber obtenido el título.

Vuelve a Florencia y se dedica definitivamente al estudio de la Geometría, que amplía con estudios de Física y Matemáticas. Estudia a Arquímedes en profundidad y su vida profesional queda vinculada definitivamente a la Universidad. En 1587 comienza a impartir clases de matemáticas en la Universidad de Siena. En 1588 obtiene una plaza como auxiliar en la Universidad de Pisa. En 1589 obtiene el título de profesor en la misma universidad y en 1592 (a los 28 años) será catedrático en la Universidad de Padua.

A los 35 años comienza una relación con Marina Gamba, una veneciana con la que tendrá tres hijos y con la que convive, pero no se casa. Finalmente Marina se casa con otro hombre y los tres hijos quedan a cargo de Galileo.

En 1609 construye su primer telescopio, basándose en los estudios de Lipperhey, lo que le vale un considerable aumento de sueldo y una plaza vitalicia en la Universidad, concedidos por el Senado de Venecia.

Describió la ley de isocronismo del péndulo y la primera ley del movimiento, inventó la balanza hidrostática y el termómetro, desarrolló el telescopio e inventó el microscopio, e hizo importantes descubrimientos astronómicos, como la existencia de las lunas mayores de Júpiter. Desde el punto de vista teórico fue defensor de la teoría heliocéntrica copernicana. En los inicios del S. XVII la discusión entre la teoría geocéntrica aristotélica y ptolemaica y la teoría heliocéntrica copernicana ocupaba el primer lugar en las polémicas científicas de la época. Tanto es así que la Iglesia interviene a través de la Inquisición en 1616. Después de un proceso de investigación se llega a la conclusión de que la teoría heliocéntrica es “una insensatez, un absurdo en filosofía y formalmente herética”. Aunque no tiene consecuencias personales para Galileo, se le conmina a exponer esta teoría como una hipótesis no demostrada (curiosamente, en 1616 aún no se podía demostrar la teoría heliocéntrica).

Galileo hace caso omiso y publica en 1632 (eso sí, 18 años después), Diálogo sobre los principales sistemas del Mundo, un libro en el que, no sólo da como cierta la teoría heliocéntrica, sino que ridiculiza la teoría geocéntrica y a sus defensores. Como consecuencia,  en 1633 la Inquisición comienza un proceso contra él por desobediencia, en el que es obligado a abjurar de sus ideas para poder conmutar la pena de cadena perpetua por arresto domiciliario vitalicio.

Después de la sentencia Galileo vive confinado en su casa de Florencia hasta 1638, en que se le concede permiso para ir a su casa de San Giorgio, junto al mar. Su salud va mermando poco a poco y pierde la visión. Convive con sus discípulos, con los que continúa su labor científica hasta su muerte, el 8 de enero de 1642, a los 77 años.

Galileo es considerado el padre de la Ciencia moderna y el padre de la Astronomía. Fue el prototipo del hombre del Renacimiento: astrónomo, filósofo, ingeniero, matemático, físico, músico (tocaba el laúd)… Y casi médico.