Hoy, 18 de octubre, es el día de San Lucas Evangelista, patrón de la Medicina.

Sobre su vida no se sabe demasiado, como es lógico por su contexto histórico. Nació en Antioquía, actual Turquía, entonces parte del Imperio Romano, y no era judío, sino de cultura grecolatina. Era médico de profesión.

San Lucas conoció a San Pablo en su ciudad natal, cuando este comenzaba su evangelización. Desde entonces fue discípulo suyo, el “médico querido” (Col 4,14), y le acompañó en múltiples viajes a partir del año 50, en calidad de amigo y discípulo, y no se sabe si también en calidad de médico personal. Le visitó asiduamente en Cesárea, durante los dos años que estuvo en prisión, y en Roma, otros dos años antes de ser decapitado: “el único que está conmigo es Lucas” (2 Timoteo 4:7-11).

Se le considera autor del Tercer Evangelio y de los Hechos de los Apóstoles. Su Evangelio está escrito en griego, y es el más largo y mejor redactado. También es el que más detalla la infancia de Jesucristo, según cuenta la tradición por entrevista directa con la Virgen María, a la que, también según la tradición, hizo su único retrato (por lo que también es patrón de los pintores), que se conserva en las catacumbas de Priscila, en Roma.

Dentro del Tetramorfos, su símbolo es el buey o el toro, porque su Evangelio comienza con la historia de Zacarías, padre de Juan el Bautista, que era sacerdote (El buey y el toro eran animales de sacrificio).

No está claro si murió martirizado o de muerte natural. Según la tradición San Lucas falleció en Beocia (Grecia) y fue enterrado en Tebas. Posteriormente sus restos fueron trasladados a Constantinopla, a la Basílica de Los Santos Apóstoles.

En la Edad Media, durante las Cruzadas, fue trasladado a Padua, en la Iglesia de Santa Justina, excepto el cráneo, que fue llevado a la catedral de San Vito, de Praga, por orden del Emperador Carlos IV.

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