Honra al médico por los servicios que presta, que también a él lo creo el Señor. Del Altísimo  viene la curación, y Él concede el don de sanar.

La ciencia del médico le hace erguir la cabeza, y es admirado por los poderosos. El Señor hace que la tierra produzca remedios, y el hombre prudente no los desprecia. (…) Él es quien da la ciencia a los humanos, para que lo glorifiquen por sus maravillas. Con sus medios el médico cura y elimina el sufrimiento, con ellos el farmacéutico prepara sus mezclas. Y así nunca se acaban las obras del Señor, de Él procede el bienestar sobre toda la Tierra.

Hijo, en tu enfermedad, no te desanimes, sino ruega al Señor, que Él te curará. Aporta tus faltas, corrige tus acciones y purifica tu corazón de todo pecado. Ofrece incienso, un memorial de flor de harina y ofrendas generosas según tus medios. Luego recurre al médico, pues también a él lo creó el Señor; que no se aparte de tu lado, pues lo necesitas: hay ocasiones en las que la curación está en sus manos. También ellos rezan al Señor, para que les conceda poder aliviar el dolor, curar la enfermedad y salvar tu vida.

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