La casa de Dios

La Casa de Dios, escrita por Samuel Shem, publicada por primera vez en 1978 y editada en España por Anagrama. Es una novela ambientada en los años 70, y se desarrolla en un hospital judío de los EEUU. En los años 70 y 80 del siglo pasado el avance técnico y científico de la Medicina permitía extremar los medios diagnósticos y terapéuticos hasta altos niveles de agresividad, produciéndose, por tanto, una alta incidencia de iatrogenia. Posteriormente se comprobó que el empleo de estas técnicas no sólo no mejoraba los niveles de supervivencia, sino que los empeoraba, lo que llevó a una adecuación de los medios a las necesidades clínicas. De la misma forma, el debate sobre la atención al paciente en el final de la vida se desarrolló de forma sistemática a partir de los años 90, apareciendo la limitación del esfuerzo terapéutico y proporcionando los medios empleados a la viabilidad y la calidad de la vida, y a las necesidades de cada momento.

En La Casa de Dios se narra la historia de Roy Basch, un médico interno residente que entra en el primer año de formación asistencial en el hospital que da nombre al libro. El sistema de aprendizaje es el típico sistema MIR americano: horas y horas de asistencia continuada, guardias cada 2 o 3 días, responsabilidades por encima del nivel de capacitación y alta presión desde las instancias superiores. Dentro de este estresante panorama el único punto de luz es El Gordo, un residente de segundo año que, con altas dosis de cinismo y aparente crueldad (que no es tal) enseña a los nuevos lo que realmente deben saber, ayudándose de sus particulares principios fundamentales: las reglas del Gordo (la que más me gusta es la regla número III: “en caso de parada cardíaca, lo primero que hay que hacer es tomarse el propio pulso”). En las distintas rotaciones hospitalarias, el Dr. Basch aprende a convivir con los gomer (sobrenombre que se da a los ancianos pluripatológicos), y su visión de la enfermedad y el sufrimiento va deteriorando su estabilidad psicológica.

Con este cocktail Samuel Shem hace una novela hilarante en la que las situaciones absurdas se suceden, abusando de los tópicos y la exageración para lograr un resultado muy divertido, no apto para personas sensibles. Y, un poco más en profundidad, salvando el salto de tiempo y espacio, no somos tan diferentes. El humor negro del residente existe, los sobrenombres a los ancianos pluripatológicos existen (cocodrilo, o mixtolobo, he conocido yo), el sexo entre el personal del hospital existe (eso dicen…), las depresiones en los residentes existen  y el “acicalar” y “largar” a los pacientes a otras secciones del hospital están a la orden del día.

Por poner pegas, la repetición constante de situaciones exageradas hace que pierda el ritmo en el segundo tercio del libro, y queda un poco monótono. Y la traducción al español es mejorable. El traductor no debe de ser médico, y se nota en el uso de la terminología. Abusa de la literalidad (habla de “bombear” para describir un masaje cardíaco. En español no se utilizaría nunca ese verbo) y carece de la imaginación necesaria para adecuar el sentido, más que las palabras. Sin ir más lejos, gomer es el acrónimo de “Get Out of My Emergency Room”, en español no tiene sentido.

En fin, a pesar del paso del tiempo sigue siendo una novela muy recomendable. No entra en los imprescindibles por los pelos.

Anuncios