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Jean Bertrand Léon Foucault nació en París el 18 de septiembre de 1819, ciudad en la que viviría toda su vida. Era hijo de un editor y librero que tenía además propiedades, por lo que nunca tuvo problemas económicos. Gracias a esta posición acomodada, Léon pudo estudiar en el mejor colegio de Paris, el Colegio Estanislao, donde cursó con más pena que gloria: a su mala salud se unía su escaso talento como estudiante. La cualidad por la que destaba era su habilidad manual. No sólo era capaz de hacer maquetas de barcos o trenes, sino que era capaz de hacerlos funcionar con precisión.

Dada su habilidad manual y sus pobres resultados como estudiante sus padres decidieron hacerlo cirujano. En 1839, con 20 años, entró en la Escuela de Medicina de París. Pero la hemofobia truncó su carrera antes de empezar. La primera vez que vio la sangre se desmayó, y finalmente tuvo que dedicarse a la Patología. O al menos a estudiarla. Intentó hacer daguerrotipos de las preparaciones al microscopio, pero la tecnología de la época aún no lo permitía.

Pero lo que haría famoso a Foucault, curiosamente, sería la Física. Y, aunque no era un gran teórico, usaba su habilidad manual para crear los experimentos más precisos y originales. Su aportación más famosa a la historia del conocimiento humano, y la más espectacular, aunque probablemente no la más importante, sería la demostración de la rotación de la Tierra mediante su conocido “péndulo de Foucault”. Supuso que si la Tierra giraba sobre sí misma, un péndulo mantendría su plano de oscilación independientemente del movimiento del planeta, y si ese péndulo era suficientemente grande, se podría apreciar su movimiento con respecto al suelo (que es el que en realidad se mueve). Para entendernos mejor:

El 26 de marzo de 1851 realizaba una demostración en el Observatorio de París, ante el asombro de todos, con un péndulo formado por una bala de cañón de 26 kg y un cable de 67 m. En la parte inferior de la bala colocó una plumilla y cubrió el suelo de arena, en la que se iba marcando el plano de oscilación del péndulo, dos milímetros a la izquierda de la anterior cada vez.

Pero este no fue la única proeza científica de Léon Foucault:

– Fue capaz de calcular la velocidad de la luz utilizando un sistema de destellos de luz con espejos de 10 km de longitud. Llegó a la conclusión de que era de 298.000 m/s (¡¡erró por un 0.6%!!).

– Inventó el giróscopo.

– Hizo las primeras fotografías del sol.

– Descubrió la equivalencia entre calor y trabajo.

– Inventó un nuevo tipo de espejo curvo con reflectividad más exacta, que permitió que se empezaran a construir los telescopios gigantes.

Y otros muchos pequeños inventos, que le dieron reconocimiento a nivel internacional. Recibió la Medalla Copley y la Legión de Honor,  y fue miembro de la Academia de Ciencias de Francia y de la Royal Society de Londres.

Murió joven, con 48 años, probablemente de esclerosis múltiple. No tuvo hijos, ni se interesó nunca por la vida familiar. Fue un hombre uraño y soberbio. No sabremos nunca qué hubiera sido de la Física si Léon Foucault hubiera estudiado Ciencias y vivido 80 años, pero, como es uno de los nuestros, lo traemos orgullosos a esta sección.

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