Francis-Crick-_2239100bWatson y Crick con la maqueta de su diseño

El 25 de abril de 1953 James Watson, de 25 años, y Francis Crick, de 38, investigadores del laboratorio Cavendish, de Cambridge (Reino Unido), publican en la revista científica Nature la estructura del ADN, cambiando para siempre la Historia de la Medicina, al abrir la era de la genética moderna, en la que actualmente nos encontramos.
El artículo, llamado “molecular structure of nucleic acids. A structure for deoxyribose nucleic acid” es un monumento a la sencillez. Lejos de los kilos y kilos de papel con miles de referencias bibliográficas a los que estamos acostumbrados hoy por hoy, estos señores apenas necesitaron dos páginas y seis referencias para cambiar la Historia de la Humanidad. Comienzan con un modesto “deseamos sugerir una estructura para la sal del ácido desoxirribonucleico. Esta estructura tiene aspectos novedosos que son de interés considerable”.

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Sin embargo, esta publicación tiene sus luces y sus sombras. En primer lugar, y sin por ello restar mérito a los autores, la conclusión publicada en este artículo no es fruto de una genialidad ni de un arduo proceso de investigación, sino más bien de una buena recopilación de información y la genialidad… de otra persona.
Los primeros descubrimientos que nos llevan al año 53 son aún del S. XIX. En 1869 Johann Friedrich Miescher descubre una nueva sustancia a la que llama nucleína, al ser capaz de aislar el contenido del núcleo del resto de la célula. Posteriormente se comprobó que esta sustancia era ácida, por lo que fue llamada ácido nucleico. Ya en los años 20 Phoebus A. Levene identifica los distintos tipos de ácidos nucleicos (bases nitrogenadas), dividiéndolos en purinas (guanina y adenina) y pirimidinas (citosina y timina). Levene propone además la disposición de las bases y su forma de organizarse en los llamados nucleótidos. Además, sugiere, aún sin base científica, que pueden ser los portadores de la información genética.
Linus Pauling, catalogado por Isaac Asimov como “el químico más grande del S. XX” (premio nobel de química en 1954 por la descripción de la naturaleza de los enlaces químicos), después de meses de investigación, publica en febrero de 1953 su propuesta de estructura del ADN: la triple hélice. Él mismo no está del todo convencido de la viabilidad física de su modelo, pero aún así lo publica, sirviendo de inspiración para Watson y Crick, que son capaces de corregir su modelo utilizando una valiosa información…
Rosalind Franklin era una química británica que dedicó su carrera a la Cristalografía, la ciencia que estudia las estructuras cristalinas. Este estudio se hace mediante difracción de rayos X sobre la sustancia que se estudia. En 1951 comienza a trabajar en el Kings College de Londres, donde investiga la estructura del ADN junto con Maurice Wilkins, con el que mantiene una enemistad personal. En 1952 realiza la fotografía 51 (imagen de la difracción de rayos X sobre la molécula de ADN) y escribe en sus notas: “la estructura del ADN tiene dos cadenas”. Linus Pauling solicita ver la fotografía 51 y Wilkins se lo niega, mostrándosela a su vez a Watson y Crick sin el consentimiento de Franklin. Era el dato que les faltaba para componer su modelo de estructura.

Photo-51Fotografía 51

En 1962 Watson, Crick y Wilkins son galardonados con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina. Hay quien pretende ver en la exclusión de Franklin una evidencia del machismo imperante en el mundo de la ciencia. Nada más lejos. Rosalind Franklin falleció en 1958 de un cáncer de ovario, a los 37 años de edad, probablemente víctima de una mala protección radiológica. Como ya comentábamos en una entrada previa de esta misma sección, el Premio Nobel sólo se concede a personas vivas. La única excepción es el caso en el que el fallecido estuviera vivo en el momento de la elección. Tras unos años de olvido injusto, el mérito de Franklin fue reconocido por los galardonados a lo largo de toda su carrera.

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