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Libro escrito originalmente en inglés, publicado por primera vez en 2011. El autor es un médico británico, dedicado a la política (algún día tendremos que incluirlo en nuestros “médicos que no ejercen”), militante laborista, ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña entre los años 1977 y 1979, fundador del Partido Socialdemócrata en 1981, y elegido por la ONU en 1992 para resolver el conflicto de Bosnia.

La idea inicial del libro es muy original. Se trata de repasar las enfermedades de los grandes líderes mundiales del siglo XX y analizar la influencia que pudieran tener estas enfermedades en su toma de decisiones. Comienza hablando de Roosevelt y termina con Bush, pasando por Hitler, Stalin, Churchill, Kennedy, De Gaulle, el Sha de Persia, Mitterrand, Reagan, Thatcher, y un largo etcétera. Muy interesante el repaso de las historias clínicas, en las que se entera uno de cosas tan curiosas como que Kennedy tenía un síndrome de Addison (insuficiencia suprarrenal) o que Mitterrand murió de un cáncer de próstata, y además repasa de forma rápida los grandes y pequeños episodios de política internacional del siglo. Desde la Primera Guerra Mundial hasta la Guerra de Irak pasando por la Bahía de Cochinos o la ocupación del Canal de Suez.

No obstante, el libro está escrito desde el punto de vista del médico, y no del político, y se nota demasiado que el autor es político, y no médico, aunque estudiara Medicina. El análisis de las enfermedades y de los enfermos es absolutamente académica, como un profano que copiara de un libro, y en cambio las opiniones políticas reflejan el pensamiento de un experto en la materia. Hay un desequilibrio entre su etapa política, que trata en profundidad, dejando que la enfermedad sea la excusa para un tratado de política, y la época que para él es Historia, que responde al verdadero objetivo del libro. Dedicarle más páginas a la Guerra de Irak que a la II Guerra Mundial no parece tener mucho sentido desde el punto de vista político, y dedicarle más páginas a la supuesta patología psiquiátrica de Bush y Blair que a la patología psiquiátrica y sistémica de Hitler, Stalin y Churchill, tampoco…

¿Y cómo engarza el poder con la enfermedad, cuando esta no es física, o evidente? Aquí está el truco del libro. Utiliza el “síndrome de hybris”. Hybris es un término griego que se empleaba para definir la situación en la que los mortales excedían los límites impuestos por los dioses. Se podría traducir literalmente como “desmesura”, pero para nosotros, sería más bien algo así como “soberbia”. Según los antiguos griegos la hybris conduce inevitablemente a la nemesis, una mezcla entre justicia y venganza. En nuestro mundo serían las consecuencias lógicas de las decisiones tomadas desde la soberbia. Así que el síndrome de hybris sería una “embriaguez de poder”. En España se ha llamado “el síndrome de la Moncloa”. Decir que esta hybris es un trastorno de personalidad es discutible, catalogarla de psicopatología es sencillamente una invención. El autor reparte la hybris a su antojo, y la coincidencia de su pensamiento con las decisiones de un determinado líder influye mucho en que sea agraciado con este síndrome. Además, como no existe diagnóstico ni tratamiento, eso le permite utilizar esta supuesta embriaguez de poder para olvidarse de la Medicina, y dedicarse a la política.

En general un libro interesante, con momentos algo aburridos, sobre todo al final, cuando libra su batalla personal contra Blair.