Category: Comentarios del autor


Los números de 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 13.000 veces en 2015. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 5 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

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Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 17.000 veces en 2014. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 6 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

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Los números de 2013

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 7.900 veces en 2013. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 7 viajes transportar tantas personas.

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Los números de 2012

WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

El nuevo Boeing 787 Dreamliner puede transportar alrededor de 250 pasajeros. Este blog fue visto 1.800 veces en 2012. Si fuera un Dreamliner, tomaría cerca de 7 viajes para llevar a esa cantidad de personas.

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Hoy, día de san Lucas, patrón de la Medicina, inauguramos, para celebrarlo, nueva sección. Se llamará Efemérides y Medicina y su contenido es obviamente, señalar grandes acontecimientos de la Medicina encuadrándolas en el calendario. Pero no se trata de una simple acumulación de fechas y acontecimientos, ese es un proyecto que desarrollaremos en el futuro. Por ahora iremos señalando fechas sueltas, de forma esporádica, y escribiendo alguna reseña sobre hechos o personajes.

Y, como no, en un día como hoy, San Lucas…

Inciamos hoy una nueva sección en este blog: los médicos que no ejercen. A esta sección traeremos personajes ilustres que fueron, o son, médicos o casi (algunos no pasaron de estudiantes), pero que, o no ejercieron, o ejercieron durante poco tiempo, siendo ilustres posteriormente por su vida fuera de la Medicina. También ellos fueron o son colegas, aunque hayan dedicado su vida a otros menesteres…

Series y Medicina

En alguna ocasión me han preguntado por qué no añado a mi blog series de Medicina. Ya que hay películas, cuadros, esculturas o libros, ¿por qué no también series?

Muy sencillo: soy seriefobo. Lo digo sin rubor, o mejor, lo repito sin rubor, soy seriefobo. Esas series tan de moda al estilo americano en las que se entrecruzan una historia independiente en cada capítulo con una historia en cada temporada con una historia general, me cargan. Esas series en las que siempre hay una tensión sexual no resuelta entre los protagonistas, que invariablemente se resuelve en la segunda temporada, lo más tardar la tercera, me cargan. Esas series con guiones clonados, sucesores de las telenovelas venezolanas, donde según el nivel de audiencia pueden estar dos secundarios intentando liarse cuatro capítulos o puede morir la mitad del elenco en diez minutos, me cargan.

Y sin son de hospitales, peor. Desde una cirugía extracorpórea en un ascensor hasta el proceso diagnóstico esperpéntico de House, pasando por los médicos que igual diagnostican una TBC renal en un niño de cuatro años que operan un tumor cerebral del director del hospital. Vamos, lo normal.

No sé quién decía que en el cine (me vale para las series) no se trataba de realidad, sino de realismo. Es lo que hace que me pueda creer que exista Darth Vader mientras veo La Guerra de las Galaxias pero tenga que cambiar de canal cuando oigo hablar a House.

A mí me gustan las series que tienen una historia que contar, y sólo una, con un principio y un fin, independientemente de la audiencia. Son como películas largas, cortadas en trozos. Y de esas me temo que ya no se hacen.

Esa es la razón por la que House, Anatomía de Grey, Hospital Central, etc, etc, no van a aparecer en este blog.

Joaquín

Esta noche he soñado que escribía sobre esto, así que, aunque no soy yo dado a las supersticiones ni premoniciones, les cuento una pequeña historia.

Si le preguntan a cualquier persona cuál fue el primer cadáver que vio en su vida, se lo sabrá decir con exactitud. Normalmente será la abuela, el vecino, o cualquier otra persona más o menos allegada. Se acordará de dónde lo vio, en qué circunstancias y, curiosamente, de la temperatura que hacía. No se por qué, pero le dirá si hacía frío o calor, si era invierno o verano.

Pero si le pregunta a un médico cuál fue el primer cadáver que vio en la práctica o, más frecuentemente, en el aprendizaje de su profesión, también se lo sabrá decir. Y se acordará del nombre. A pesar de ser una persona desconocida, sobre la que no tenía ninguna responsabilidad clínica, a cuya familia no ha vuelto a ver, y que se ha sucedido de otras decenas o centenas (depende de la especialidad) de cadáveres, se lo sabrá decir.

Pues esa es la historia que les voy a contar. Podrá parecer macabro, pero no lo es, porque esta noche me acordé de él. De Joaquín.

Hace de esto 16 años, era enero de 1996. Era yo estudiante de cuarto de carrera y, entre mis prácticas habituales, estaba el rotatorio de Patología Médica.

Tenía un amigo tres años mayor que yo, que acababa de aprobar el examen MIR y comenzaba su residencia en la planta de Medicina Interna, con un médico internista de cincuentaytantos, con abundantes conocimientos, amplia experiencia, y afición docente. Y estaba mi amigo tan entusiasmado con su nueva vida que me ofreció un pequeño hueco, habló con el internista y empecé yo también a ir por las mañanas. Iba a clase de ocho a diez, y a las diez y media empezaba mis nuevas prácticas, hasta las doce y media. O hasta las dos, los días que había faena.

Cuando empecé a ir ya estaba ingresado Joaquín. Era un hombre de 38 años. Tenía dos hijos pequeños. Su mujer estaba allí todos los días. Me recordaba físicamente a la madre de un amigo, que se llama Mª Ángeles, así que siempre he creído recordar que ella se llamaba igual. Probablemente se llama de otra manera, pero para mí es Mª Ángeles. Era una mujer elegante, educada, discreta. Hacía pocas preguntas, pero siempre eran pertinentes. Cuando terminaba la visita diaria se salía de la habitación para recibir la información, y los más de los días, a esa altura de la enfermedad, la información consistía en unos hombros encogidos, una boca apretada y una palmada en el hombro.  Ella sonreía con tristeza, y daba las gracias.

Joaquín tenía un carcinoma hepático. De esos que uno se pregunta por qué se lleva por delante a un hombre de 38 años con dos niños, que no tiene antecedentes médicos de interés, que no ha bebido más de lo que hemos bebido los demás, y de esos que no dan tiempo ni para prepararse.

Ignoro si sabía lo que le esperaba antes de ir al hospital. Ignoro si sabía lo que le esperaba una vez ingresado. Yo no llegué a hablar con él, porque cuando yo lo conocí no estaba ya más que para hablar lo mínimo.

Una mañana, cuando pasamos sala, estaba ya agonizando. Fue el único día que Mª Ángeles lloró, una única lagrima, en silencio. El médico le echó la mano por el hombro y le acarició la cabeza. No le dijo nada.

Nos avisó la enfermera un rato después. Fuimos a la habitación y vimos que no respiraba. Y es esa la imagen que recuerdo con nitidez.

Se llamaba Joaquín. Descanse en paz.