Category: Literatura y Medicina


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Es un libro editado en 2013, con texto de José Manuel Sánchez Ron e ilustraciones de Antonio Mingote, que no llegó a ver salir el libro porque falleció en 2012. Es la tercera parte de una trilogía formada, además, por ¡Viva la Ciencia! y El mundo de Ícaro. El primer libro está dedicado al mundo de la Ciencia, en general, y el segundo a “todo lo que está por encima de nuestras cabezas”, en palabras de los autores.

Compré este libro atraído por las ilustraciones de Mingote más que por el autor de los textos, al que debo confesar que no conocía. Son una mezcla de dibujos realizados para el libro y otros, extraídos de su obra anterior, en los que trata temas similares, y que se han aprovechado, ya que la muerte no le permitió terminar el proyecto. Dentro de la genialidad de Mingote de siempre, que conservó, al parecer, hasta sus últimos momentos, las ilustraciones son mero acompañamiento, dibujos descriptivos sin argumento propio, excepto algunas, que entiendo que son las extraídas de su obra anterior, en las que sí está presente el típico humor de Mingote.

En cuanto al contenido en sí, es un libro de divulgación y no un tratado de historia, por lo que se tratan parcelas, o episodios de la historia de la Medicina, elegidos según el criterio personal del autor, que se cuentan de forma asequible, pero un tanto inconexos, por lo que es difícil hacerse una idea de conjunto. Por otra parte, supongo que con cierto interés comercial, hay una gran desproporción entre la historia de la medicina actual y el resto. Parece, como digo, desproporcionado, dedicar un capítulo a De Galeno a Vesalio, es decir, del siglo II al XVI, y dedicar otro capítulo de igual tamaño al Psicoanálisis.

Es un libro cómodo de leer, divulgación para entretenimiento, dirigido al público general.

 

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Medicina peligrosa es una novela escrita en inglés por Arthur Hailey, publicada en 1984.

Narra la historia de Celia Jordan, química de formación, que entra en un laboratorio farmacéutico inicialmente como técnico, pero que decide pasarse a la sección comercial por iniciativa propia. Así conoce a un médico internista, con el que se casa, y comienza su escalada profesional dentro de la empresa. Con una gran personalidad, tesón e intuición va progresando hasta ser alta ejecutiva.

No habíamos traído a este blog ninguna novela ni película que presentara la relación entre la Medicina y la Industria desde el lado de esta última. Con sus luces y sus sombras, que no esconde la novela, la Industria es imprescindible para el desarrollo de la Ciencia, pero, como todo y como siempre, dentro de los límites de la legalidad, de la ética y del sentido común.

Una novela entretenida, original, pero no mucho más.

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Cajal, su tiempo y el nuestro, es un libro editado por primera vez en 1950. Escrito por Gregorio Marañón, es una adaptación literaria de su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de 1947, en la que ocupó el mismo asiento que Santiago Ramón y Cajal. Por este motivo el discurso es un estudio de las circunstancias históricas en las que se desarrolla la vida y la actividad científica del maestro, y un repaso de su pensamiento, su obra literaria no científica, y por supuesto, su labor como investigador y docente.

Lo que hace especial este libro es, por una parte, que el análisis lo hace otro Grande de la historia de la Medicina en España, además de otro personaje de gran calado social y político en su época, como Cajal, por lo que el interés por el contenido es previo e independiente a este; y por otro, que la comparación entre los diferentes entornos históricos se hace en 1950, por lo que al leer el libro, de forma inconsciente, se hace a la vez la comparación con nuestras circunstancias actuales, estableciéndose una perspectiva a tres bandas, entre 1895, 1947 y 2018, en mi caso.

Libro cortito, ameno, fácil de leer, con el añadido (no sé si bueno o malo, pero curioso), del estilo literario de la época, barroco y en ocasiones algo pedante. Santiago Ramón y Cajal visto por Gregorio Marañón no puede dejar de ser interesante.

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No serás un extraño es una novela escrita por Morton Thomson, originalmente en inglés, editada por primera vez en 1954. Cuenta la biografía de Lucas Marsh y su vocación por la Medicina, desde la primera infancia. La historia se divide tres partes claramente diferenciadas, aunque sin solución de continuidad entre ellas: Lucas niño, Lucas estudiante y Lucas médico. Cada etapa se desarrolla en sitios diferentes, con personajes diferentes y en ambientes diferentes. Y en cada una de ellas se respiran también diferentes conflictos: primero con la familia, después con compañeros y profesores y finalmente con colegas y pacientes. En las dos últimas le acompaña su mujer, Kris, una enfermera con la que se casa por interés, aunque ella sí lo quiere y admira.

Novela extraordinaria tanto en la forma como en el fondo. La descripción de los ambientes en los que se desarrolla, no sólo los lugares, es tan completa que supone un verdadero viaje al interior del libro. Y los conflictos a los que se enfrenta el protagonista (que son muchos, porque la vocación es estimulante, pero implacable, lo que le hace un inadaptado en cualquier entorno), son tan reales como los que podamos ver hoy por hoy en cualquier hospital o consulta de nuestra ciudad. Mezcla la vida cotidiana con el estudio o el ejercicio de la Medicina, por lo que emplea frecuentes términos clásicos o formas de diagnosticar y tratar que resultan curiosas e interesantes.

Coherente con su época, presenta un concepto clásico de la Medicina, en la que la lucha contra la enfermedad tiene la salud como victoria y la muerte del paciente como derrota. Pero también muestra una visión totalmente actual del médico que ve al enfermo como accesorio, y la Medicina como protagonista. El enfermo se convierte en un mal necesario para la práctica de la Ciencia. En los años 20 en que se desarrolla la historia hablamos de diagnóstico y tratamiento, tanto médico como quirúrgico. Hoy habría que añadir el máster y la publicación, el currículo y la ponencia.

Una de las lecturas más estimulantes de los últimos tiempos. Y el hecho de que repase casi todos los conflictos con los que se puede encontrar un médico o un estudiante de Medicina hacen que se convierta en un imprescindible de nuestro blog.

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Libro publicado en enero de 2016, originalmente en inglés, escrito por un eminente neurocirujano británico, Henry Marsh, un hombre con gran vocación por la Neurocirugía, gran formación intelectual y amplia experiencia.

Es un lectura amena e interesante, donde, por medio de una serie de casos clínicos se desarrolla un relato autobiográfico. El libro evoluciona a lo largo de las páginas, haciendo que la segunda mitad sea mucho más interesante que la primera.

En cierta ocasión me decía un neurocirujano: “qué sacerdocio de especialidad…”. Efectivamente, en pocas especialidades se aprecia con tanta claridad la relación entre el acto médico y la consecuencia. En general esta relación es más visible en la cirugía que en la medicina. Cuando un paciente vive durante años gracias a un tratamiento médico es difícil saber qué hubiera pasado si no se le hubiera administrado, pero de igual manera es difícil demostrar que un tratamiento no óptimo lleve a una muerte precoz. En la cirugía esta relación es más evidente, pero, salvo en casos de catástrofe, tampoco está claro qué porcentaje de responsabilidad tiene el cirujano en un mayor o menor éxito. Por poner un ejemplo, si un traumatólogo opera una fractura, esta queda inmovilizada un tiempo y luego se comienza la movilización y la rehabilitación hasta la recuperación de la función del miembro afecto. Si esta no se produce, o al menos no completamente, es difícil saber si el problema está en el tipo de lesión, la técnica quirúrgica, la rehabilitación o la implicación del propio paciente en su curación. En la Neurocirugía no. El paciente se despierta de la anestesia y no ve, o no habla, o no mueve un miembro. En el mismo quirófano. Cada complicación cae sobre la espalda del cirujano, aunque sea una complicación independiente de la habilidad técnica o fuera necesaria para obtener un bien mayor. Pero esta relación tiene su doble vertiente: alimenta ese “sacerdocio” del que hablaba mi compañero, pero también la soberbia del supercirujano. La evidencia del resultado, cuando es positivo, alimenta la admiración por parte de pacientes y familiares, y eso a su vez alimenta una imagen social. Y hay quien no sabe gestionar eso…

En los primeros capítulos concreta casos clínicos, en los que se habla de supuestos errores médicos y/o efectos adversos, pero de forma tangencial. Estos casos están protagonizados por la pericia y gran capacidad técnica del supercirujano, que con cierta falsa modestia desgrana sus éxitos personales, si acaso empañados por alguna complicación inevitable. Los errores reales son cometidos por otros (cuenta como un médico residente opera mal a un paciente y él se culpa de no haberlo operado…) y en caso de que ocurra una complicación inevitable es en pacientes incurables a los que esperaba un terrible final… En ocasiones con alguna frase de vanidad casi sonrojante (“me han dicho que es usted uno de los mejores neurocirujanos del país”). De esta parte me ha gustado mucho la visión poética de la Neurocirugía. Una visión romántica con el uso frecuente de metáforas arquitectónicas, marineras, medievales…, que le permiten además explicar complejas técnicas quirúrgicas con un lenguaje asequible para todos.

Pero a medida que se avanza es como si la segunda parte estuviera escrita en otra época de su vida personal y profesional. Ya no siente la necesidad de dar explicaciones o de dar una determinada imagen personal. Y entonces sí, comienza a hablar de sus conflictos internos, los conflictos reales de familias descontentas, el sentimiento de culpabilidad del médico ante la muerte del enfermo, de los errores humanos y cómo afrontarlos…; en fin, una lectura apasionante de un profesional con alta cualificación y experiencia. Y esta segunda parte, mucho más íntima, hace que el resultado final sea una lectura muy recomendable. Gran libro.

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Antón Pávlovich Chéjov nació en Taganrog (Rusia), una ciudad fundada por Pedro I a orillas del Mar Azov, cerca de la frontera con Ucrania, un 29 de enero de 1860 (17 de enero en el calendario juliano). Era de familia humilde. De hecho, su abuelo era un siervo ruso que logró su liberación y la de los suyos pagando 700 rublos por cabeza. Antón era el tercero de seis hermanos. Su padre regentaba una humilde tienda de ultramarinos.

Por dificultades económicas su familia se ve obligada a emigrar a Moscú en 1875, y él se queda terminando el bachillerato en el Liceo de Taganrog hasta 1879, en que se reúne de nuevo con ellos. Ese año comienza a estudiar Medicina en la Universidad de Moscú, donde se licencia en 1884.

Inicialmente ejerce la profesión, y, contra lo que se puede leer en algunas fuentes, con verdadera vocación. Él mismo escribe en una de sus cartas, en 1886: “soy médico y siento una gran pasión por la Medicina de modo que el proverbio sobre las dos liebres (“el que sigue dos liebres, tal vez cace una, y muchas veces, ninguna”) nunca quitó tanto el sueño a nadie como a mí”. Compra un terreno y pone dispensario y escuela. Se gana la vida con la Medicina, pero atiende a los enfermos sin recursos de manera gratuita.

A finales de la década de los 80 contrae tuberculosis. Entonces se cree que es por contagio de sus enfermos, pero unos años antes había estado cuidando a su hermano, que murió de esta misma enfermedad. Eso le obliga a dejar la profesión, aunque seguirá atendiendo a quien se lo requiera. También participa en varias campañas puestas en marcha para atajar las consecuencias de penurias y epidemias, como la que azotó la Rusia meridional en 1892-93. En 1901 contrae matrimonio con Olga Leonárdovna Knipper.

Su labor literaria comienza durante sus estudios universitarios. Por una modesta cantidad (5 kopecks por línea), con la que ayuda a su familia, escribe relatos cortos para diarios y semanales. Son relatos de humor sobre la vida rusa de la época. Una vez licenciado continúa escribiendo, artículos ya más elaborados, y publica sus primeros libros de relatos. En 1887 gana el premio Pushkin por su colección de relatos cortos Al Amanecer.

En los años de enfermedad pasa largos periodos en Niza o Crimea, siguiendo las recomendaciones de la época de vivir en zonas templadas. En 1904, ya gravemente enfermo, se traslada al balneario de Badenweiler, en la Selva Negra alemana. Allí fallecerá el 15 de julio de ese mismo año.

Encuadrado dentro de la corriente del Realismo Ruso, maestro del teatro y el relato corto, disfrutó de una merecida fama en su país de escritor importante, pero hasta después de su muerte no trascendió su figura al resto del Mundo para convertirse en uno de los máximos exponentes de la literatura del S. XIX.

Aunque en este caso este médico que no ejerce sí ejerció, es un claro exponente del perfil que buscamos en esta sección. Conocido por sus actividades al margen de la Medicina, pero médico al fin y al cabo.

Aprovecho para desearles a todos una Feliz Navidad.

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Novela escrita por Gilbert Sinoué en 1989, originalmente en francés. Es la biografía novelada de Avicena (Ali Ibn Sina), uno de los personajes más destacados (el más) de la Persia del S. XI. Médico, filósofo, matemático y político, en su obra más conocida, el Canon, desarrolla todos los conocimientos médicos de su época. Se narra su vida desde los 16 años hasta su muerte, con 57, tratando sus distintas facetas como sabio y político, y abundando en su vida personal.

Es una novela interesante que, sin embargo, deja una sensación agridulce. Es una buena lectura, pero no el gran libro que uno espera encontrar. El abundante trabajo de documentación lo hace una biografía de Avicena novelada, muy fiable en cuanto a los datos históricos, pero precisamente la necesidad de introducir tantos datos de tantos personajes reales acaba encorsetando la acción y haciéndola poco natural. Poco conseguida la narración de los actos médicos de Ibn Sina, que parece un médico del S. XXI que hubiera saltado en el tiempo, haciendo interpretaciones diagnósticas poco creíbles para su tiempo, y curaciones más cerca de la magia que de la ciencia (diagnostica una depresión de enamorados por la toma del pulso arterial). Cada dos o tres capítulos es como cuando esperábamos que el Equipo A convirtiera la furgoneta en un carro de combate con cuatro chapas de uralita o que McGyver hiciera una bomba con un bote de mercromina y un plátano.

Muy bien para conocer la figura de uno de los médicos más grandes de la Historia.

La casa de Dios

La Casa de Dios, escrita por Samuel Shem, publicada por primera vez en 1978 y editada en España por Anagrama. Es una novela ambientada en los años 70, y se desarrolla en un hospital judío de los EEUU. En los años 70 y 80 del siglo pasado el avance técnico y científico de la Medicina permitía extremar los medios diagnósticos y terapéuticos hasta altos niveles de agresividad, produciéndose, por tanto, una alta incidencia de iatrogenia. Posteriormente se comprobó que el empleo de estas técnicas no sólo no mejoraba los niveles de supervivencia, sino que los empeoraba, lo que llevó a una adecuación de los medios a las necesidades clínicas. De la misma forma, el debate sobre la atención al paciente en el final de la vida se desarrolló de forma sistemática a partir de los años 90, apareciendo la limitación del esfuerzo terapéutico y proporcionando los medios empleados a la viabilidad y la calidad de la vida, y a las necesidades de cada momento.

En La Casa de Dios se narra la historia de Roy Basch, un médico interno residente que entra en el primer año de formación asistencial en el hospital que da nombre al libro. El sistema de aprendizaje es el típico sistema MIR americano: horas y horas de asistencia continuada, guardias cada 2 o 3 días, responsabilidades por encima del nivel de capacitación y alta presión desde las instancias superiores. Dentro de este estresante panorama el único punto de luz es El Gordo, un residente de segundo año que, con altas dosis de cinismo y aparente crueldad (que no es tal) enseña a los nuevos lo que realmente deben saber, ayudándose de sus particulares principios fundamentales: las reglas del Gordo (la que más me gusta es la regla número III: “en caso de parada cardíaca, lo primero que hay que hacer es tomarse el propio pulso”). En las distintas rotaciones hospitalarias, el Dr. Basch aprende a convivir con los gomer (sobrenombre que se da a los ancianos pluripatológicos), y su visión de la enfermedad y el sufrimiento va deteriorando su estabilidad psicológica.

Con este cocktail Samuel Shem hace una novela hilarante en la que las situaciones absurdas se suceden, abusando de los tópicos y la exageración para lograr un resultado muy divertido, no apto para personas sensibles. Y, un poco más en profundidad, salvando el salto de tiempo y espacio, no somos tan diferentes. El humor negro del residente existe, los sobrenombres a los ancianos pluripatológicos existen (cocodrilo, o mixtolobo, he conocido yo), el sexo entre el personal del hospital existe (eso dicen…), las depresiones en los residentes existen  y el “acicalar” y “largar” a los pacientes a otras secciones del hospital están a la orden del día.

Por poner pegas, la repetición constante de situaciones exageradas hace que pierda el ritmo en el segundo tercio del libro, y queda un poco monótono. Y la traducción al español es mejorable. El traductor no debe de ser médico, y se nota en el uso de la terminología. Abusa de la literalidad (habla de “bombear” para describir un masaje cardíaco. En español no se utilizaría nunca ese verbo) y carece de la imaginación necesaria para adecuar el sentido, más que las palabras. Sin ir más lejos, gomer es el acrónimo de “Get Out of My Emergency Room”, en español no tiene sentido.

En fin, a pesar del paso del tiempo sigue siendo una novela muy recomendable. No entra en los imprescindibles por los pelos.

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La puerta de la esperanza es un libro escrito por José Luis Olaizola en 1990, y está basado en unas conversaciones con Juan Antonio Vallejo-Nágera. Cuando este es diagnosticado de un carcinoma de cabeza de páncreas decide escribir una autobiografía, pero previendo las dificultades del trabajo por los efectos de la enfermedad y el tratamiento, le encarga el trabajo a su amigo José Luis. A partir de ese momento se reúnen en casa del médico y charlan sobre su vida, y sobre lo divino y lo humano. Para completar el trabajo el autor se reúne igualmente con otras personas de la familia, entre los que se cuenta el entonces Arzobispo de Sevilla, F. Carlos Amigo Vallejo.

Cuando uno lee un libro de un médico psiquiatra, catedrático de Psiquiatría, académico de Medicina, pintor y escritor; en definitiva, un clínico-humanista, además de reconocido carácter religioso (católico practicante) en situación terminal, piensa que va a encontrar respuestas al eterno arcano de la muerte y la transición. Y precisamente eso es lo que lleva a una primera impresión de vacío. No las hay. Pero después, entendiendo que no las hay porque no las puede haber, se lee una tranquila conversación entre dos amigos, un repaso biográfico de la vida de Juan Antonio Vallejo-Nágera con desviaciones filosóficas, antropológicas, psicológicas… multitud de aristas que conforman un todo sencillo, pero completo. Está escrito en un lenguaje coloquial, algo rancio y en ocasiones políticamente incorrecto, siendo por ello más fresco, aunque parezca paradójico (creo que fue Andy Warhol, aunque no estoy muy seguro, el que dijo que “dentro de poco todos podremos decir lo que pensamos, porque todos pensaremos igual”).

Es un interesante libro-homenaje, para conocer mejor la figura de un médico insigne, y del que al final sí que se pueden extraer algunas conclusiones. Sólo hay que buscarlas.

El medico del tiempo

El médico del tiempo es una novela escrita originalmente en inglés (The physician´s tale) por Ann Benson, publicada en 2008 por la editorial Grijalbo. Es la tercera parte de La plaga y La ruta del fuego, pero como yo no lo he sabido hasta terminarlo, he empezado por el final. Quizás algún día me lea los otros.

Novela tipo best seller, para grandes públicos, en la discurren de forma paralela dos tramas, una en el pasado y otra en el futuro. Es, por tanto, haciendo un triple mortal carpado hacia delante, una novela histórica y de ficción. La primera de las historias discurre en el siglo XIV, durante la epidemia de peste que azotó Europa. Un médico judío, Alejandro Canches, lucha contra la enfermedad mientras interviene en las intrigas de palacio del rey Enrique III de Inglaterra, apoyado en su amigo íntimo, médico del Papa. Aunque parezca un tanto rebuscado, la acción se desarrolla con más naturalidad de la se pueda pensar. La segunda historia se desarrolla en un futuro más o menos lejano, en EEUU. Una plaga por una bacteria, el DR SAM (un Staphylococcus Aureus manipulado genéticamente y utilizado como arma química de destrucción masiva), ha asolado el Mundo tal como lo conocemos y la humanidad vive en pequeñas colonias, grupos reducidos, que emplean métodos ancestrales de supervivencia, intentando además aprovechar la tecnología que no ha quedado destruída. Igualmente, aunque parezca rebuscado, también se lee con naturalidad.

Obviamente las dos tramas se relacionan, casi se encuentran, y quizás ese es el punto más rebuscado de todo el libro. Pero es que hacer un triple mortal carpado hacia delante sin salpicar es muy complicado…

El resultado final es una imaginativa y entretenida novela, donde la acción fluye y se lee sin dificultad. Pero no esperen mucho más.