Category: Médicos que no ejercen


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Antón Pávlovich Chéjov nació en Taganrog (Rusia), una ciudad fundada por Pedro I a orillas del Mar Azov, cerca de la frontera con Ucrania, un 29 de enero de 1860 (17 de enero en el calendario juliano). Era de familia humilde. De hecho, su abuelo era un siervo ruso que logró su liberación y la de los suyos pagando 700 rublos por cabeza. Antón era el tercero de seis hermanos. Su padre regentaba una humilde tienda de ultramarinos.

Por dificultades económicas su familia se ve obligada a emigrar a Moscú en 1875, y él se queda terminando el bachillerato en el Liceo de Taganrog hasta 1879, en que se reúne de nuevo con ellos. Ese año comienza a estudiar Medicina en la Universidad de Moscú, donde se licencia en 1884.

Inicialmente ejerce la profesión, y, contra lo que se puede leer en algunas fuentes, con verdadera vocación. Él mismo escribe en una de sus cartas, en 1886: “soy médico y siento una gran pasión por la Medicina de modo que el proverbio sobre las dos liebres (“el que sigue dos liebres, tal vez cace una, y muchas veces, ninguna”) nunca quitó tanto el sueño a nadie como a mí”. Compra un terreno y pone dispensario y escuela. Se gana la vida con la Medicina, pero atiende a los enfermos sin recursos de manera gratuita.

A finales de la década de los 80 contrae tuberculosis. Entonces se cree que es por contagio de sus enfermos, pero unos años antes había estado cuidando a su hermano, que murió de esta misma enfermedad. Eso le obliga a dejar la profesión, aunque seguirá atendiendo a quien se lo requiera. También participa en varias campañas puestas en marcha para atajar las consecuencias de penurias y epidemias, como la que azotó la Rusia meridional en 1892-93. En 1901 contrae matrimonio con Olga Leonárdovna Knipper.

Su labor literaria comienza durante sus estudios universitarios. Por una modesta cantidad (5 kopecks por línea), con la que ayuda a su familia, escribe relatos cortos para diarios y semanales. Son relatos de humor sobre la vida rusa de la época. Una vez licenciado continúa escribiendo, artículos ya más elaborados, y publica sus primeros libros de relatos. En 1887 gana el premio Pushkin por su colección de relatos cortos Al Amanecer.

En los años de enfermedad pasa largos periodos en Niza o Crimea, siguiendo las recomendaciones de la época de vivir en zonas templadas. En 1904, ya gravemente enfermo, se traslada al balneario de Badenweiler, en la Selva Negra alemana. Allí fallecerá el 15 de julio de ese mismo año.

Encuadrado dentro de la corriente del Realismo Ruso, maestro del teatro y el relato corto, disfrutó de una merecida fama en su país de escritor importante, pero hasta después de su muerte no trascendió su figura al resto del Mundo para convertirse en uno de los máximos exponentes de la literatura del S. XIX.

Aunque en este caso este médico que no ejerce sí ejerció, es un claro exponente del perfil que buscamos en esta sección. Conocido por sus actividades al margen de la Medicina, pero médico al fin y al cabo.

Aprovecho para desearles a todos una Feliz Navidad.

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Félix Samuel Rodríguez de la Fuente nació el 14 de marzo de 1928 en un pueblo de Burgos, Poza de la Sal. Hijo de un notario, gran aficionado a la lectura, creció en un ambiente de nivel cultural alto. De hecho, la instrucción básica la recibió de su padre, y no fue a un colegio hasta los 9 años, cuando fue internado en los Sagrados Corazones de Vitoria. Posteriormente estudió bachillerato en el colegio de los Maristas de Burgos.
A los 17 años, en 1946, ingresa en la Facultad de Medicina de Valladolid, más por dirección de su padre que por vocación propia. Aunque sus inicios como estudiante de Medicina son titubeantes, termina la carrera de forma brillante, gracias al curioso método de desatender los estudios los dos primeros trimestres del curso, en los que se dedicaba a su afición por la Naturaleza, y hacer un gran esfuerzo en el tercero, obteniendo calificaciones altas.
Una vez licenciado en Medicina, y también siguiendo la dirección de su padre, se especializa en Estomatología, titulándose en 1957 con el premio Landete Aragón, y ejerce en la consulta de un prestigioso estomatólogo de Madrid, el Dr. Baldomero Sol. En 1960 fallece su padre y deja definitivamente la Medicina para dedicarse a su verdadera vocación.
Ya desde pequeño, la vida rural le da la oportunidad de salir al campo a diario, práctica que sólo fue interrumpida durante el internado en el Colegio de los Sagrados Corazones. En la juventud comienza a interesarse por la cetrería, hasta el punto de empezar a practicarla basándose en escritos medievales. Durante su época universitaria, y bajo la influencia de José Antonio Valverde, uno de los precursores de la creación del Parque de Doñana, define claramente su verdadera vocación y en 1954 fundan, entre otros, la Sociedad Española de Ornitología.
Una vez abandonada definitivamente la Medicina, la carrera de Félix Rodríguez de la Fuente como naturalista y divulgador es ya imparable. En 1964 organiza las Jornadas Internacionales de Cetrería en Guadalajara y ese mismo año sale por primera vez en televisión. Unos meses más tarde comienza su primera colaboración habitual, en el programa Fin de Semana, que durará cuatro años.
Rueda su primer documental, Señores del espacio, en 1965. En 1966 logra que se apruebe en España una ley de protección del halcón peregrino y las rapaces nocturnas. Desde entonces no parará de trabajar en diversos proyectos divulgativos, pero la que se puede considerar su obra cumbre, la serie El Hombre y la Tierra, se rodará entre 1973 y 1980.
En marzo de 1980 se traslada a Alaska para rodar la carrera de trineos con perros más importante del Mundo, la Iditarod Trail Sled Dog Race. Al despegar en avioneta para realizar planos aéreos uno de los hidropatines se desprende y la avioneta se estrella en Shaktoolik, una pequeña población de esquimales a unos 25 km del mar de Bering, falleciendo Félix Rodríguez de la Fuente junto con Warren Dobson, el piloto; Teodoro Roa, el cámara; y Alberto Mariano Huéscar, ayudante de cámara.
Félix Rodríguez de la Fuente representa un claro ejemplo del “niño déjate de tonterías” que todos los padres nos han dicho alguna vez. Y, normalmente, con razón. Aunque lo políticamente correcto es decir que persiguiendo los sueños se llega a la cumbre (en este caso es cierto), habría que buscar a todos aquellos que, persiguiendo sus sueños, nunca pudieron pagar una hipoteca…

Léon Foucault

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Jean Bertrand Léon Foucault nació en París el 18 de septiembre de 1819, ciudad en la que viviría toda su vida. Era hijo de un editor y librero que tenía además propiedades, por lo que nunca tuvo problemas económicos. Gracias a esta posición acomodada, Léon pudo estudiar en el mejor colegio de Paris, el Colegio Estanislao, donde cursó con más pena que gloria: a su mala salud se unía su escaso talento como estudiante. La cualidad por la que destaba era su habilidad manual. No sólo era capaz de hacer maquetas de barcos o trenes, sino que era capaz de hacerlos funcionar con precisión.

Dada su habilidad manual y sus pobres resultados como estudiante sus padres decidieron hacerlo cirujano. En 1839, con 20 años, entró en la Escuela de Medicina de París. Pero la hemofobia truncó su carrera antes de empezar. La primera vez que vio la sangre se desmayó, y finalmente tuvo que dedicarse a la Patología. O al menos a estudiarla. Intentó hacer daguerrotipos de las preparaciones al microscopio, pero la tecnología de la época aún no lo permitía.

Pero lo que haría famoso a Foucault, curiosamente, sería la Física. Y, aunque no era un gran teórico, usaba su habilidad manual para crear los experimentos más precisos y originales. Su aportación más famosa a la historia del conocimiento humano, y la más espectacular, aunque probablemente no la más importante, sería la demostración de la rotación de la Tierra mediante su conocido “péndulo de Foucault”. Supuso que si la Tierra giraba sobre sí misma, un péndulo mantendría su plano de oscilación independientemente del movimiento del planeta, y si ese péndulo era suficientemente grande, se podría apreciar su movimiento con respecto al suelo (que es el que en realidad se mueve). Para entendernos mejor:

El 26 de marzo de 1851 realizaba una demostración en el Observatorio de París, ante el asombro de todos, con un péndulo formado por una bala de cañón de 26 kg y un cable de 67 m. En la parte inferior de la bala colocó una plumilla y cubrió el suelo de arena, en la que se iba marcando el plano de oscilación del péndulo, dos milímetros a la izquierda de la anterior cada vez.

Pero este no fue la única proeza científica de Léon Foucault:

– Fue capaz de calcular la velocidad de la luz utilizando un sistema de destellos de luz con espejos de 10 km de longitud. Llegó a la conclusión de que era de 298.000 m/s (¡¡erró por un 0.6%!!).

– Inventó el giróscopo.

– Hizo las primeras fotografías del sol.

– Descubrió la equivalencia entre calor y trabajo.

– Inventó un nuevo tipo de espejo curvo con reflectividad más exacta, que permitió que se empezaran a construir los telescopios gigantes.

Y otros muchos pequeños inventos, que le dieron reconocimiento a nivel internacional. Recibió la Medalla Copley y la Legión de Honor,  y fue miembro de la Academia de Ciencias de Francia y de la Royal Society de Londres.

Murió joven, con 48 años, probablemente de esclerosis múltiple. No tuvo hijos, ni se interesó nunca por la vida familiar. Fue un hombre uraño y soberbio. No sabremos nunca qué hubiera sido de la Física si Léon Foucault hubiera estudiado Ciencias y vivido 80 años, pero, como es uno de los nuestros, lo traemos orgullosos a esta sección.

Alexander Borodin

Borodin

Alexander Borodin

Hoy traemos a esta sección un caso atípico. Es un “médico que no ejerce” por químico, pero en realidad está aquí por su música: un hombre que ha pasado a la Historia por el desarrollo de una afición, y no de una profesión.

Alexander Porfirievich Borodin nació en San Petersburgo (Rusia) el 12 de noviembre de 1833. Era hijo ilegítimo de un príncipe ruso, que, siguiendo la costumbre de la época, lo “asignó” a un sirviente suyo, que le dio su apellido y fue su padre de hecho. A pesar de eso no se crió como sirviente, y tuvo una buena educación.  A los 15 años entró en la Academia Médico-Quirúrgica de San Petersburgo, donde se licencia como médico en 1856. Es nombrado profesor ayudante de Patología General y destinado al Hospital Militar 2º, donde ejerce de médico cirujano. La experiencia no le resulta agradable, más por la disciplina militar que por la propia tarea médica. Realiza su tesis doctoral, “sobre las analogías de los ácidos arsénico y fosfórico en su comportamiento químico y toxicológico”, que presenta en ruso en 1958 (fue la primera de la universidad rusa que no era presentada en latín).

Su dominio de los idiomas le anima a viajar por Alemania, Francia e Italia, centrándose ya en la Química, a la que dedicará el resto de su vida profesional. En este viaje conoce a la que será su mujer. Fue un químico destacado, y a él se debe el descubrimiento de la reacción aldólica, de gran importancia en la química comercial (codescubierta a la vez de forma independiente por Wurtz).

Pero Borodin no está en esta entrada por médico-químico, sino por médico-músico. Sin estudios reglados de música en su infancia, aprendió a tocar el piano y la flauta de manera autodidacta. En 1862, después de volver de sus viajes por Europa, comienza a estudiar composición con Mily Balákirev, y conoce al resto del llamado Grupo de los Cinco (Balákirev, Cuí, Músorgski, Rimski-Kórsakov y el propio Borodin) que queda enmarcado en la historia de la Música en el Movimiento  Nacionalista, en el que el regreso al folklore y a las raíces musicales de cada país constituyen la base de la composición.

Murió de una muerte súbita, probablemente de origen cardíaco, mientras se encontraba en una fiesta de la Academia de Medicina, a los 53 años de edad, el 27 de febrero de 1887.

Borodin es el claro ejemplo de que un talento natural no hay estudio reglado que lo pare. Hombre afable, conversador y humilde, nunca se consideró un músico, y de hecho sólo componía durante sus vacaciones, días de fiesta y convalecencia de enfermedades. Eso explica que su producción sea escasa, lo que no impide que sea recordado por la Historia por su música.

Os dejo con el que probablemente sea su pasaje más universal: las danzas polonesas de su Príncipe Igor.

Ramón de Campoamor y Campoosorio nació en Navia (Asturias) el 24 de septiembre de 1817. Quedó huérfano de padre a los 4 años. Recibió los estudios primarios de su tía, hermana de su madre. Con 9 años comienza los estudios secundarios en Puerto de Vega, también en Asturias.

A los 15 años viaja a Santiago de Compostela, donde estudia lógica, filosofía y matemáticas. Con 18 años se traslada a Torrejón de Ardoz e ingresa en la Compañía de Jesús, abandonando en poco tiempo una vez comprobada su falta de vocación. Entonces se matricula en la Facultad de Medicina de Madrid. Allí comienza primero, pero al iniciar las prácticas de Anatomía, la visión de los cadáveres en la sala de disección le produce náuseas, y vomita en repetidas ocasiones. Un catedrático le recomienda que se dedique a la literatura, y abandona la facultad.

Desde entonces compagina la literatura con el periodismo. Con 20 años publica su primera obra, una comedia en dos actos que no llegó a ser estrenada, Una mujer generosa. En 1838 publica su primer libro de poemas, Ternezas y flores, y en 1846 publica Doloras, obra que le da, al fin, fama y popularidad. Fue discípulo de Espronceda. Desde el punto de vista periodístico colabora con publicaciones románticas como El alba y No me olvides, fue redactor de Las musas, El correo nacional y El Español, y dirigió El estado.

Su otra faceta de gran actividad fue la política. De ideología monárquica moderada, fue gobernador civil de Castellón (con 30 años), Alicante y Valencia. Fue también diputado y senador, y director general de Beneficencia y Sanidad. Fue nombrado hijo adoptivo de Alicante.

Ingresó en la Real Academia de la Lengua en 1861 con el sillón E.

Falleció en Madrid a los 83 años, el 11 de febrero de 1901.

Ramón de Campoamor nunca debió pertenecer a esta lista, porque nunca debió entrar en la Facultad de Medicina. Lo hizo “empujado” por su familia, y la evidente falta de vocación médica le permitió enmendar su rumbo. A tiempo.

Pío Baroja

Pío Baroja y Nessi nació en San Sebastián el 28 de diciembre de 1872. Desde niño fue aficionado a la literatura y a los viajes. Siendo su padre ingeniero de Minas del estado sufría constantes traslados por toda España. Fue el tercero de cuatro hermanos: Darío, Ricardo, Pío y Carmen.

Se licencia en Medicina por la Universidad de Valencia en 1891 (¡¡con 19 años!!), y se doctora en Madrid en 1894 con la tesis “El dolor: estudio de psicofísica”. Después de la tesis parte a Cestona, en Guipúzcoa, para ejercer la Medicina, principalmente para solventar sus problemas económicos.

La Medicina rural no es de su agrado, por la dificultad de acceso a los pacientes, las largas marchas y la escasa remuneración, aparte de los problemas de convivencia con la élite social del pueblo, y vuelve a Madrid para ejercer el Periodismo. Publica su primera novela, Vidas sombrías, en 1900. Perteneció a la Generación literaria del 98.

Viajó por España, Italia, Francia, Inglaterra, Países Bajos y Suiza. En 1911 publica El árbol de la Ciencia, su obra maestra. Ingresó en la Real Academia Española en 1935.

Al comenzar la Guerra Civil se trasladó a Francia, donde vivió en el Colegio de España de la ciudad universitaria en París.

Vuelve a España en 1940, estableciéndose en Madrid. Allí murió el 30 de octubre de 1956. Su féretro fue portado, entre otros, por Camilo José Cela, y a su sepelio asistió Ernest Hemingway.

A pesar de que ejerció la Medicina menos de un año, y de que nunca sintió vocación ni por su estudio ni por su práctica, toda la producción literaria de Pío Baroja está de alguna manera marcada por ella. La práctica de la Medicina, agria para él, y sus lecturas filosóficas, dieron definitivamente el carácter pesimista que impera en toda su obra.

Inciamos hoy una nueva sección en este blog: los médicos que no ejercen. A esta sección traeremos personajes ilustres que fueron, o son, médicos o casi (algunos no pasaron de estudiantes), pero que, o no ejercieron, o ejercieron durante poco tiempo, siendo ilustres posteriormente por su vida fuera de la Medicina. También ellos fueron o son colegas, aunque hayan dedicado su vida a otros menesteres…