Category: Religión y Medicina


Primer médico conocido de la Historia, allá por el 2700 adC. También fue arquitecto, astrónomo y sacerdote, y llegó a ser considerado como Dios de la Medicina en Egipto. Sirvió a las órdenes de Zoser (o Djoser, o Djeser), segundo faraón de la Tercera Dinastía.

images imaggesInmotep. Museo del Louvre. París. Francia

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Este año, como el pasado (y esperamos que el que viene) homenajeamos a San Lucas, patrón de la Medicina, en su día, el nuestro, el 18 de octubre.

En esta ocasión traemos el San Lucas de la Catedral de Valencia. Es una de las obras maestras del gótico valenciano. Escultura hecha en estuco, se sitúa en una de las pechinas, bajo las trompas del cimborrio.

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Cimborrio

San Lucas. Catedral del Santo Cáliz. Valencia.

José Puchol. S. XVIII.

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Moscati: el médico de los pobres (Giuseppe Moscati: Lámore che guarisce) es una película italiana, adaptación de una miniserie para televisión producida por la RAI. Dirigida por Giacomo Campiotti e interpretada por Giuseppe Fiorello, Kasia Smutniak y Ettore Bassi. Cuenta la historia de San José Moscati, San Giuseppe Moscati, un médico de principios del S. XX que vivió en Napoles y que dedicó su vida a la atención a los pobres. Fue canonizado por Juan Pablo II en 1987 y su día se celebra el día de su muerte, el 12 de abril.

Es una de esas películas cuyo objetivo es la exaltación del protagonista, pasando lo demás a un discreto segundo plano. Con una más que dudosa calidad técnica, una interpretación mejorable y un guión inconsistente se suceden escenas que nos muestran lo extraordinario del personaje.

Y si nos abstraemos de lo anterior, este tipo de películas resulta interesante porque, amén de que la figura del protagonista sea idealizada y para ello se añadan algunas escenas de discutible fidelidad con la realidad, suelen reflejar bien los aspectos biográficos y ayudan a conocer la vida de médicos (en nuestro caso) que ni sabíamos que existieron.

Así que, para los aficionados a este tipo de películas, como yo, esta es buena para después de comer. Para los que no, ni acercarse.

Eclesiástico 38, 1-14

Honra al médico por los servicios que presta, que también a él lo creo el Señor. Del Altísimo  viene la curación, y Él concede el don de sanar.

La ciencia del médico le hace erguir la cabeza, y es admirado por los poderosos. El Señor hace que la tierra produzca remedios, y el hombre prudente no los desprecia. (…) Él es quien da la ciencia a los humanos, para que lo glorifiquen por sus maravillas. Con sus medios el médico cura y elimina el sufrimiento, con ellos el farmacéutico prepara sus mezclas. Y así nunca se acaban las obras del Señor, de Él procede el bienestar sobre toda la Tierra.

Hijo, en tu enfermedad, no te desanimes, sino ruega al Señor, que Él te curará. Aporta tus faltas, corrige tus acciones y purifica tu corazón de todo pecado. Ofrece incienso, un memorial de flor de harina y ofrendas generosas según tus medios. Luego recurre al médico, pues también a él lo creó el Señor; que no se aparte de tu lado, pues lo necesitas: hay ocasiones en las que la curación está en sus manos. También ellos rezan al Señor, para que les conceda poder aliviar el dolor, curar la enfermedad y salvar tu vida.

Terminado el cuadripórtico de la Basílica San Pablo Extramuros, se pensó en poner los cuatro Evangelistas en las cuatro esquinas. Como no había dinero suficiente se priorizó a San Lucas por ser el compañero y biógrafo del Apóstol.

San Lucas. Basílica de San Pablo Extramuros. Roma

Francesco Fabi-Altini. Año desconocido

Hoy, 18 de octubre, es el día de San Lucas Evangelista, patrón de la Medicina.

Sobre su vida no se sabe demasiado, como es lógico por su contexto histórico. Nació en Antioquía, actual Turquía, entonces parte del Imperio Romano, y no era judío, sino de cultura grecolatina. Era médico de profesión.

San Lucas conoció a San Pablo en su ciudad natal, cuando este comenzaba su evangelización. Desde entonces fue discípulo suyo, el “médico querido” (Col 4,14), y le acompañó en múltiples viajes a partir del año 50, en calidad de amigo y discípulo, y no se sabe si también en calidad de médico personal. Le visitó asiduamente en Cesárea, durante los dos años que estuvo en prisión, y en Roma, otros dos años antes de ser decapitado: “el único que está conmigo es Lucas” (2 Timoteo 4:7-11).

Se le considera autor del Tercer Evangelio y de los Hechos de los Apóstoles. Su Evangelio está escrito en griego, y es el más largo y mejor redactado. También es el que más detalla la infancia de Jesucristo, según cuenta la tradición por entrevista directa con la Virgen María, a la que, también según la tradición, hizo su único retrato (por lo que también es patrón de los pintores), que se conserva en las catacumbas de Priscila, en Roma.

Dentro del Tetramorfos, su símbolo es el buey o el toro, porque su Evangelio comienza con la historia de Zacarías, padre de Juan el Bautista, que era sacerdote (El buey y el toro eran animales de sacrificio).

No está claro si murió martirizado o de muerte natural. Según la tradición San Lucas falleció en Beocia (Grecia) y fue enterrado en Tebas. Posteriormente sus restos fueron trasladados a Constantinopla, a la Basílica de Los Santos Apóstoles.

En la Edad Media, durante las Cruzadas, fue trasladado a Padua, en la Iglesia de Santa Justina, excepto el cráneo, que fue llevado a la catedral de San Vito, de Praga, por orden del Emperador Carlos IV.

San Lucas. 1625. Francisco Ribalta

83 x 36 cm. Óleo sobre lienzo. Muso de Bellas Artes. Valencia

Libro publicado originalmente en inglés, Dear and glorious physician, editado por primera vez en Inglaterra y Estados Unidos en 1958. Escrito por Taylor Caldwell.

Es una novela histórica que narra la vida de Lucano, San Lucas, desde su infancia hasta que conoce a San Pablo, del que se hará discípulo. Se podría decir que es una novela tipo best-seller, bastante bien ambientada en el Imperio Romano del S.I., con detalles narrativos que denotan una buena documentación previa.  Aunque es un libro entretenido en líneas generales, poco más se puede decir. El personaje de Lucano parece un tanto artificial, impostado, como esos Jesucristos de las películas antiguas (y no tan antiguas), y en algunos momentos la narración se hace algo pesada. Es un buen libro para las vacaciones de verano.

Oh Dios, llena mi alma de amor por mi arte y por todas las criaturas.

Que no admita que la sed de ganancia y el afán de gloria me influencien en el ejercicio de mi arte, porque los enemigos de la verdad y del amor de los hombres podrían fácilmente hacerme abusar y apartarme de hacer bien a tus hijos.

Sostén la fuerza de mi corazón para que esté siempre pronto a servir al pobre y al rico, al amigo y al enemigo, al bueno y al malo.

Haz que no vea en el hombre más que al que sufre.

Que mi espíritu se mantenga claro en el lecho del enfermo, que no se distraiga por cualquier pensamiento extraño, para que tenga presente todo lo que la experiencia y la ciencia le enseñaron; porque grandes y sublimes son los progresos de la ciencia que tienen como finalidad conservar la salud y la vida de todas las criaturas.

Haz que mis pacientes tengan confianza en mí y en mi arte y que sigan mis consejos y prescripciones.

Aleja del lecho de mis pacientes a los charlatanes, al ejército de parientes que dan mil consejos y a aquéllos que saben siempre todo; porque es una injerencia peligrosa que, por vanidad, hace malograr las mejores intenciones y lleva muchas veces a la muerte.

Si los ignorantes me censuran y escarnecen, otórgarne que el amor de mi arte, como una coraza, me torne invulnerable, para que pueda perseverar en la verdad sin atender al prestigio, al renombre y a la edad de mis detractores. Otórgame, Dios mío, la indulgencia y la paciencia necesaria al lado de los pacientes apasionados o groseros.

Haz que sea moderado en todo, pero insaciable en mi amor por la ciencia. Aparta de mí la idea de que lo puedo todo.

Dame la fuerza, la voluntad y la ocasión para ampliar cada vez más mis conocimientos.

Que pueda hoy descubrir en mi saber cosas que ayer no sospechaba, porque el arte es grande, pero el espíritu del hombre puede avanzar siempre más adelante.

Monumento a Maimonides. Plaza de Tiberiades. Córdoba

San Lucas. 1602-07. Doménikos Theotokópoulos (El Greco).

100 x 76 cm. Óleo sobre lienzo. Catedral de Toledo.