Category: Variado Medicina


Feliz Navidad 2012

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Feliz Navidad a todos los que nos habeis seguido en nuestro primer año de andadura. Para el año que viene os prometemos más trabajo y más ilusión si cabe. Os deseamos que paseis las mejores Navidades con los vuestros.

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El pasado 12 de septiembre falleció en Liverpool (Reino Unido) Eric Sidney Watkins, Sid Watkins, “el profesor”.

Siempre que muere un personaje, sea más o menos célebre, oímos frases elogiosas, la mayoría de ellas estereotipadas, sacadas del “libro de los muertos”. Pero a veces hay en el ambiente algo casi imperceptible que hace que parezca cierto, que esas frases sentidas estén dichas con sinceridad. A lo mejor porque lo es…

Neurocirujano y aficionado a los deportes de motor, Sid Watkins conoció casualmente a Bernie Ecclestone en el London Hospital of Neurology and Neurosurgery. Y Bernie le ofreció un puesto como médico en las carreras de la Fórmula 1. En la década de los 70 comenzó a desarrollarse la Medicina Intensiva, y en aquellos años empezaba a estudiarse la atención al paciente politraumatizado y, por supuesto, en los accidentes de tráfico. Se demostraba poco después que el factor que más influye en la supervivencia después de un accidente es la atención en los primeros minutos.

Sid Watkins revolucionó a lo largo de 26 años la seguridad en la Fórmula 1 en particular y en los deportes de motor en general. Protocolizó la atención en los minutos siguientes a un accidente, mejorando la accesibilidad al coche siniestrado y la velocidad de respuesta, montó un hospital de campaña en los circuitos, introdujo el helicóptero medicalizado para la evacuación de los pilotos e impulsó el uso del HANS, el protector cervical, entre otros muchos cambios. Y además atendió a los pilotos durante años en los accidentes, salvando la vida de muchos de ellos.

Muy pocos son los que tienen la oportunidad histórica de cambiar el mundo que les rodea. Y menos aún los que la aprovechan. Sid Watkins lo hizo. De ellos se hace la Historia de la Medicina.

Descanse en paz, profesor.

Pues sí, después del espectacular partido que vimos ayer, de disfrutar con la selección y de ser de nuevo campeones de Europa,  queremos hacerles nosotros también nuestro pequeño homenaje, no vamos a ser menos. Pero como este es un blog temático, o al menos por ahora, nosotros vamos a homenajear a nuestro colega, el Dr. Óscar Luis Celada, médico jefe de la Selección Española Absoluta, por la parte que le toca.

¡¡Enhorabuena, y gracias, querido colega!!

Quiero el día que yo muera
poder donar mis riñones,
mis ojos y mis pulmones.

Que se los den a cualquiera.
Si hay un paciente que espera
por lo que yo ofrezco aquí
espero que se haga así
para salvar una vida.
Si ya no puedo respirar,
que otro respire por mí.

Donaré mi corazón
para algún pecho cansado
que quiera ser restaurado
y entrar de nuevo en acción.

Hago firme donación
y que se cumpla confío
antes de sentirlo frío,
roto, podrido y maltrecho
que lata desde otro pecho
si ya no late en el mío.

La pinga la donaré
y que se la den a un caído
y levante poseído
el vigor que disfruté.

Pero pido que después
se la pongan en un jinete,
de esos que les gusta brete.
Eso sería una gran cosa
yo descansando en fosa
y mi pinga dando fuete.

Entre otras donaciones
me niego a donar la boca.
Pues hay algo que me choca
por poderosas razones.
Sé de quien en ocasiones
habla mucha bobería;
mama lo que no debía
y prefiero que se pierda
antes que algún comemierda
mame con la boca mía.

El culo no lo donaré
pues siempre existe un confuso
que pueda darle mal uso
al culo que yo doné.
Muchos años lo cuidé
lavándomelo a menudo.
Para que un cirujano chulo
en dicha transplantación
se lo ponga a un maricón
y muerto me den por el culo.

Camilo José Cela

Vida honesta y ordenada,

usar de pocos remedios

y poner todos los medios

en no alterarse por nada.

La comida, moderada,

ejercicio y distracción,

no tener nunca aprensión,

salir al campo algún rato,

poco encierro, mucho trato

y continua ocupación.

Dr. Letamendi

Oh Dios, llena mi alma de amor por mi arte y por todas las criaturas.

Que no admita que la sed de ganancia y el afán de gloria me influencien en el ejercicio de mi arte, porque los enemigos de la verdad y del amor de los hombres podrían fácilmente hacerme abusar y apartarme de hacer bien a tus hijos.

Sostén la fuerza de mi corazón para que esté siempre pronto a servir al pobre y al rico, al amigo y al enemigo, al bueno y al malo.

Haz que no vea en el hombre más que al que sufre.

Que mi espíritu se mantenga claro en el lecho del enfermo, que no se distraiga por cualquier pensamiento extraño, para que tenga presente todo lo que la experiencia y la ciencia le enseñaron; porque grandes y sublimes son los progresos de la ciencia que tienen como finalidad conservar la salud y la vida de todas las criaturas.

Haz que mis pacientes tengan confianza en mí y en mi arte y que sigan mis consejos y prescripciones.

Aleja del lecho de mis pacientes a los charlatanes, al ejército de parientes que dan mil consejos y a aquéllos que saben siempre todo; porque es una injerencia peligrosa que, por vanidad, hace malograr las mejores intenciones y lleva muchas veces a la muerte.

Si los ignorantes me censuran y escarnecen, otórgarne que el amor de mi arte, como una coraza, me torne invulnerable, para que pueda perseverar en la verdad sin atender al prestigio, al renombre y a la edad de mis detractores. Otórgame, Dios mío, la indulgencia y la paciencia necesaria al lado de los pacientes apasionados o groseros.

Haz que sea moderado en todo, pero insaciable en mi amor por la ciencia. Aparta de mí la idea de que lo puedo todo.

Dame la fuerza, la voluntad y la ocasión para ampliar cada vez más mis conocimientos.

Que pueda hoy descubrir en mi saber cosas que ayer no sospechaba, porque el arte es grande, pero el espíritu del hombre puede avanzar siempre más adelante.

Monumento a Maimonides. Plaza de Tiberiades. Córdoba

Como no podía ser de otra manera, nuestro primer imprescindible, y la primera entrada del blog, es el Juramento Hipocrático:

“Juro por Apolo, médico, por Esculapio,  Higías y Panacea y pongo por testigos a todos los dioses y diosas, de que he de observar el siguiente juramento, que me obligo a cumplir en cuanto ofrezco, poniendo en tal empeño todas mis fuerzas y mi inteligencia. Tributaré a mi maestro de Medicina el mismo respeto que a los autores de mis días, partiré con ellos mi fortuna y los socorreré si lo necesitaren; trataré a sus hijos como a mis hermanos y si quieren aprender la ciencia, se la enseñaré desinteresadamente y sin ningún género de recompensa. Instruiré con preceptos, lecciones orales y demás modos de enseñanza a mis hijos, a los de mi maestro y a los discípulos que se me unan bajo el convenio y juramento que determine la ley médica, y a nadie más. Estableceré el régimen de los enfermos de la manera que les sea más provechosa según mis facultades y a mi entender, evitando todo mal y toda injusticia. No accederé a pretensiones que busquen la administración de venenos, ni sugeriré a nadie cosa semejante; me abstendré de aplicar a las mujeres pesarios abortivos. Pasaré mi vida y ejerceré mi profesión con inocencia y pureza. No ejecutaré la talla, dejando tal operación a los que se dedican a practicarla. En cualquier casa donde entre, no llevaré otro objetivo que el bien de los enfermos; me libraré de cometer voluntariamente faltas injuriosas o acciones corruptoras y evitaré sobre todo la seducción de mujeres u hombres, libres o esclavos. Guardaré secreto sobre lo que oiga y vea en la sociedad por razón de mi ejercicio y que no sea indispensable divulgar, sea o no del dominio de mi profesión, considerando como un deber el ser discreto en tales casos. Si observo con fidelidad este juramento, séame concedido gozar felizmente mi vida y mi profesión, honrado siempre entre los hombres; si lo quebranto y soy perjuro, caiga sobre mí la suerte contraria.”