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2014. Hipócrates

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Hipócrates es una película francesa del año 2014, dirigida por Thomas Lilti e interpretada por Vincent Lacoste y Jacques Gamblin.

Cuenta la historia de Benjamín, un residente de primer año que inicia su rotatorio por el Servicio de Medicina Interna (cuyo jefe es su padre). Allí se encuentra con Abdel, un residente extranjero (allí tienen una consideración diferente) que es mayor y con más experiencia, pero también ejerce como residente. En sus primeros meses Benjamín se encuentra con las guardias, con los pacientes terminales, con los compañeros, con los adjuntos… con un hospital, al fin y al cabo. Y, en este caso, con las peculiaridades de un hospital público, con problemas iguales y diferentes a los de un hospital privado.

Aunque el director de la película es médico, y se nota cierto conocimiento algo mayor de lo habitual, seguimos tirando de tópicos para este tipo de historias. Se ve que la vida cotidiana de los hospitales es muy aburrida para contarla en una película… aunque sea francesa. El ambiente hospitalario y las relaciones personales se acercan bastante a la realidad, pero después nos trae un poco de lo de siempre: convivencia pueril de los residentes, diagnósticos fallidos, encarnizamiento terapéutico, el personal muy bueno y los administradores muy malos,… Sólo faltan los líos de cama entre los médicos y las enfermeras. Situaciones límite para que el espectador tenga claro lo que tiene que pensar, que es lo que el director quiere que piense, claro. Nadie quiere ver morir a una tierna abuelita con un cáncer terminal machacada por los médicos en contra de su voluntad. Pero es que las situaciones del día a día son bastante más complejas, y bastante menos peliculeras.

Otra película más de hospitales con escenas demasiado típicas para ser reales.

 

Como no podía ser de otra manera, nuestro primer imprescindible, y la primera entrada del blog, es el Juramento Hipocrático:

“Juro por Apolo, médico, por Esculapio,  Higías y Panacea y pongo por testigos a todos los dioses y diosas, de que he de observar el siguiente juramento, que me obligo a cumplir en cuanto ofrezco, poniendo en tal empeño todas mis fuerzas y mi inteligencia. Tributaré a mi maestro de Medicina el mismo respeto que a los autores de mis días, partiré con ellos mi fortuna y los socorreré si lo necesitaren; trataré a sus hijos como a mis hermanos y si quieren aprender la ciencia, se la enseñaré desinteresadamente y sin ningún género de recompensa. Instruiré con preceptos, lecciones orales y demás modos de enseñanza a mis hijos, a los de mi maestro y a los discípulos que se me unan bajo el convenio y juramento que determine la ley médica, y a nadie más. Estableceré el régimen de los enfermos de la manera que les sea más provechosa según mis facultades y a mi entender, evitando todo mal y toda injusticia. No accederé a pretensiones que busquen la administración de venenos, ni sugeriré a nadie cosa semejante; me abstendré de aplicar a las mujeres pesarios abortivos. Pasaré mi vida y ejerceré mi profesión con inocencia y pureza. No ejecutaré la talla, dejando tal operación a los que se dedican a practicarla. En cualquier casa donde entre, no llevaré otro objetivo que el bien de los enfermos; me libraré de cometer voluntariamente faltas injuriosas o acciones corruptoras y evitaré sobre todo la seducción de mujeres u hombres, libres o esclavos. Guardaré secreto sobre lo que oiga y vea en la sociedad por razón de mi ejercicio y que no sea indispensable divulgar, sea o no del dominio de mi profesión, considerando como un deber el ser discreto en tales casos. Si observo con fidelidad este juramento, séame concedido gozar felizmente mi vida y mi profesión, honrado siempre entre los hombres; si lo quebranto y soy perjuro, caiga sobre mí la suerte contraria.”