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1991. El doctor

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El doctor es una película estadounidense de 1991, basada en la novela de Edward Rosembaun A taste of my own medicine (1988). Está dirigida por Randa Haines e interpretada por William Hurt, Elizabeth Perkins, Christine Lahti y Mandy Patinkin (el inolvidable Íñigo Montoya). Cuenta la historia del Dr. Jack McKee, cirujano cardiotorácico y hombre de éxito, profesional de reconocido prestigio que trabaja en un macrocomplejo hospitalario, donde ejerce su profesión de manera técnicamente impecable, pero manteniendo un trato frívolo con compañeros y pacientes, con los que se relaciona de forma superficial y distante (“en la cirugía entramos, lo arreglamos y nos vamos”).

El inicio de un cuadro de tos persistente lo hace acudir a su propio hospital como paciente, siendo diagnosticado de un cáncer de laringe. Entonces comienza a sufrir la rutina de la maquinaria burocrática del hospital y el trato de sus propios compañeros (otorrinos, oncólogos, hasta ahora desconocidos por él) que, sin ser tan poco serios como él, cometen los mismos vicios en el trato personal con sus pacientes. Entonces comienza a llevar una doble vida, trabajando como cirujano en una sección del hospital, donde se relaciona con sus compañeros, y siendo tratado como enfermo en otra, donde se relaciona con sus compañeros de sala de espera.

Película para la reflexión. Aparte de que esté algo exagerada la actitud inicial de McKee en el quirófano, sí es cierto que nada tiene que ver acudir a un hospital como médico o como enfermo. Obliga a revisar la atención que ofrecemos en nuestro día a día.

Bonita película. No soy especialmente aficionado a William Hurt, pero está bastante bien, en la metamorfosis desde el Jack del principio de la película al del final.

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2014. Hipócrates

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Hipócrates es una película francesa del año 2014, dirigida por Thomas Lilti e interpretada por Vincent Lacoste y Jacques Gamblin.

Cuenta la historia de Benjamín, un residente de primer año que inicia su rotatorio por el Servicio de Medicina Interna (cuyo jefe es su padre). Allí se encuentra con Abdel, un residente extranjero (allí tienen una consideración diferente) que es mayor y con más experiencia, pero también ejerce como residente. En sus primeros meses Benjamín se encuentra con las guardias, con los pacientes terminales, con los compañeros, con los adjuntos… con un hospital, al fin y al cabo. Y, en este caso, con las peculiaridades de un hospital público, con problemas iguales y diferentes a los de un hospital privado.

Aunque el director de la película es médico, y se nota cierto conocimiento algo mayor de lo habitual, seguimos tirando de tópicos para este tipo de historias. Se ve que la vida cotidiana de los hospitales es muy aburrida para contarla en una película… aunque sea francesa. El ambiente hospitalario y las relaciones personales se acercan bastante a la realidad, pero después nos trae un poco de lo de siempre: convivencia pueril de los residentes, diagnósticos fallidos, encarnizamiento terapéutico, el personal muy bueno y los administradores muy malos,… Sólo faltan los líos de cama entre los médicos y las enfermeras. Situaciones límite para que el espectador tenga claro lo que tiene que pensar, que es lo que el director quiere que piense, claro. Nadie quiere ver morir a una tierna abuelita con un cáncer terminal machacada por los médicos en contra de su voluntad. Pero es que las situaciones del día a día son bastante más complejas, y bastante menos peliculeras.

Otra película más de hospitales con escenas demasiado típicas para ser reales.